De vino de familia a ícono pop: la Bonarda en la cultura popular

Durante décadas, la Bonarda fue el vino que acompañaba las comidas en casa. Estaba ahí, en la mesa del domingo, en la damajuana de la abuela o en el vaso de los tíos que la tomaban con soda. Nunca fue protagonista, pero siempre fue parte. Y esa es, quizás, una de sus grandes fortalezas: la Bonarda tiene memoria. Es cercana. Es familiar.

Pero en los últimos años, algo cambió. O mejor dicho: alguien cambió. Una nueva generación de consumidores empezó a mirar al vino con otros ojos. Más relajados, más visuales, más abiertos. Y ahí la Bonarda encontró su revancha.

Una nueva estética para una vieja conocida

Hoy la Bonarda se luce en etiquetas con ilustraciones disruptivas, nombres provocadores, colores vibrantes y diseños que apelan al lenguaje visual de las redes sociales. Ya no se disfraza de lo que no es. Al contrario: se muestra tal como es, con orgullo y frescura.

Botellas que parecen salidas de un cómic, frases que juegan con el doble sentido, estéticas que combinan lo retro con lo digital. Todo eso convive con un vino que, en esencia, sigue siendo el mismo: frutado, amable, fácil de tomar. Pero que ahora tiene un nuevo envase, un nuevo código, un nuevo canal.

La Bonarda se volvió instagrameable

Basta recorrer un feed de Instagram o un video de TikTok para verla: en la previa con amigos, en un picnic al atardecer, en una feria de vinos con estética millennial, o simplemente en una cena con velas y pizza casera. La Bonarda encontró su lugar en el lenguaje visual de la nueva generación.

Y no es solo imagen. Es identidad. Porque esa botella con diseño pop también es una declaración: “me gusta el vino, pero lo tomo a mi manera”. Sin solemnidad. Sin explicaciones. Con disfrute.

Una historia que conecta

Detrás del diseño, hay una historia que pega fuerte: la de una cepa que estuvo subestimada, que fue considerada “de segunda”, y que hoy se reinventa. Una narrativa que conecta con una generación que también busca resignificar lo heredado, transformar lo cotidiano y desafiar lo establecido.

La Bonarda es, en cierto modo, un símbolo. De lo que se puede hacer con honestidad, con diseño, con narrativa y con una buena copa de vino en la mano.

Del cartón al contenido

Donde antes había prejuicio, hoy hay storytelling. Donde antes había cartón, hoy hay contenido que emociona, que entretiene, que genera comunidad. Y eso, en la era digital, vale oro.

Porque más allá del diseño, la Bonarda encontró su espacio en el corazón de quienes la comparten. Y eso la vuelve más pop que nunca.