Por Mauro Charvey – Especial España / Revista Wine Market
En la búsqueda de una viticultura cada vez más sustentable, las bodegas han encontrado en la naturaleza su mejor aliada. Uno de los métodos más efectivos y respetuosos con el entorno es el sistema de confusión sexual, una técnica biológica que permite controlar las plagas sin recurrir a insecticidas.
En los viñedos, los principales enemigos de la uva son ciertos insectos, especialmente la polilla del racimo (Lobesia botrana), que deposita sus huevos sobre las bayas y causa daños significativos en la producción. El sistema de confusión sexual actúa directamente sobre el comportamiento de estos insectos: se colocan difusores entre las hileras que liberan feromonas sintéticas similares a las emitidas por las hembras.
De esta manera, los machos se desorientan, no logran localizar a las hembras y el ciclo reproductivo se interrumpe. No hay contacto, no hay huevos, y por tanto, no hay larvas que dañen el racimo.
El resultado es doblemente positivo: se reduce la necesidad de tratamientos químicos y se protege el equilibrio natural del viñedo. Además, este sistema no afecta a otros insectos, respetando la biodiversidad del entorno.
Hoy, cada vez más bodegas —desde Rioja hasta Mendoza— adoptan esta técnica como parte de sus programas de manejo integrado de plagas, apostando por una viticultura más limpia, consciente y alineada con el medio ambiente.
Porque en el vino, como en la vida, a veces la mejor defensa no es la fuerza, sino la inteligencia de la naturaleza.
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