El mundo del vino perdió a una de sus figuras más influyentes. Este viernes 20 de marzo de 2026 falleció Michel Rolland, el reconocido enólogo francés que adoptó a la Argentina como su segunda casa y fue clave en la transformación del vino nacional. Tenía 78 años y murió a causa de un infarto fulminante.
Su partida no solo conmueve a la vitivinicultura global, sino que deja un vacío profundo en Argentina, donde su huella es imposible de borrar.
El hombre que vio el potencial del Malbec antes que nadie
Rolland llegó al país en 1988, invitado por Arnaldo Etchart, en un momento donde la industria argentina todavía miraba más hacia el mercado interno que hacia el mundo.
Fue uno de los primeros en detectar el potencial del Malbec como varietal insignia y en impulsar un cambio de paradigma: vinos más concentrados, modernos y pensados para competir en los mercados internacionales.
Su visión ayudó a reposicionar a la Argentina en el mapa global del vino, captando la atención de críticos, inversores y consumidores.
El “flying winemaker” que globalizó el vino argentino
Rolland fue uno de los “flying winemakers” más influyentes del mundo, asesorando bodegas en múltiples países y trasladando conocimiento entre regiones.
Trabajó en decenas de proyectos en Argentina, pero su obra más emblemática fue Clos de los Siete, en el Valle de Uco, un desarrollo que marcó un antes y un después en la inversión extranjera en Mendoza.
También estuvo vinculado a proyectos como Yacochuya en Salta y colaboraciones con bodegas icónicas, consolidando un modelo de vino argentino más competitivo y exportable.
Mucho más que un consultor: un motor de cambio
Rolland no solo hacía vino: enseñaba a pensar el vino.
Introdujo una lógica profesional, orientada a calidad, mercado y consistencia. Para muchos, fue el arquitecto de la modernización del vino argentino, empujando a toda una generación a elevar la vara.
Su estilo —fruta madura, estructura y uso del roble— generó debates, pero también resultados concretos: mayor reconocimiento internacional y mejores precios para los vinos argentinos.
Argentina, su segunda casa
Aunque nacido en Burdeos, Rolland eligió la Argentina como su lugar en el mundo.
Vivió, invirtió y construyó proyectos a largo plazo, algo poco habitual en los años 90. Su vínculo con Mendoza fue especialmente profundo, donde no solo desarrolló viñedos, sino también relaciones personales y profesionales que marcaron su carrera.
“Amaba la vida, los viajes y el vino”, expresaron desde su entorno al confirmar su fallecimiento, destacando su energía y pasión hasta el final.
Un legado que queda en cada copa
Hablar de Michel Rolland es hablar del salto de calidad del vino argentino.
Su legado no está solo en etiquetas o bodegas, sino en una mentalidad: pensar el vino con ambición global, sin perder identidad.
Hoy, cada Malbec que se abre en el mundo tiene, en mayor o menor medida, algo de su influencia.
Se fue el hombre, queda la escuela. Y en el vino —como él mismo enseñaba— eso es lo que realmente perdura.
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