En la semana de la Bonarda Argentina, celebramos más que una uva: reivindicamos una historia de transformación. De vino de corte a varietal de exportación. De cartón a etiqueta de diseño. De prejuicio a oportunidad.
De Francia al Este mendocino
Pese a la creencia popular que la vincula con los inmigrantes italianos, la Bonarda es originaria de Francia. Pero como suele pasar en la historia del vino, fue Argentina quien le dio un nuevo hogar y, sobre todo, una nueva identidad. Hoy, más del 95% de la producción mundial de Bonarda está concentrada en nuestro país. Y Mendoza, con más del 80% de esa superficie, es su territorio natural.
Durante décadas fue una variedad subestimada, elegida para cortes por su color profundo y su fruta intensa. Pero ese pasado quedó atrás. Hoy, con más de 17.700 hectáreas en todo el país, la Bonarda está escribiendo otro capítulo.
Un vino que seduce a los jóvenes
Hay algo en la Bonarda que conecta con las nuevas generaciones: su perfil amable, su dulzura frutal, su cuerpo medio y su versatilidad. Es lo que el mercado llama un vino “easy to drink”, pero con carácter. Y eso, sumado a precios accesibles, la transforma en una puerta de entrada ideal al mundo del vino.
Bodegas como la de Matías Morcos entendieron el juego. Etiquetas coloridas, naming provocador, estética pop, y un contenido que sorprende. Así, la Bonarda se cuela en las stories de Instagram y en las primeras cenas con vino de muchos sub-35. Ya no hace falta explicar lo que es un tanino ni la crianza en barrica. Lo importante es que guste, que fluya y que represente.
De Tetra a Premium: una evolución real
La Bonarda fue durante mucho tiempo sinónimo de vino económico. Y aún hoy comparte uva con vinos en caja. Pero el salto cualitativo llegó: bodegas como Rutini Wines, entre muchas otras, la incluyeron en sus líneas de media y alta gama. Algunas incluso la proponen como varietal estrella.
Los datos lo confirman: en el mercado interno, los vinos 100% Bonarda crecieron un 23% el último año. Mientras que su uso para corte cayó un 25%. En el exterior, pasó lo mismo: se vendió 28,9% más de Bonarda pura, y bajaron las exportaciones de cortes.
Canadá, EE. UU., Brasil, China y la República Checa son hoy sus principales destinos. La Bonarda argentina ya no viaja como relleno. Va como protagonista.
¿Por qué Bonarda? ¿Por qué ahora?
Porque es accesible. Porque es rica. Porque no exige. Porque está lista para tomar. Y porque permite redescubrir el vino sin todo el peso de los preconceptos que solían rodearlo.
El consumo de vino en Argentina tocó fondo en 2018. Pero desde entonces, empezó a repuntar. En 2023 se dio el mayor consumo desde 2013. Y parte de ese crecimiento tiene que ver con varietales como Bonarda, que le hablan a un consumidor nuevo, más libre, más espontáneo.
La Bonarda está floreciendo en el Este de Mendoza, pero también en la mente de los consumidores. Es una cepa que acompaña este nuevo paradigma: menos reglas, más disfrute.
En su día, celebremos el vino sin etiquetas… salvo la que dice Bonarda.
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