Por Mauro Charvey – Especial España / Wine Market
En 1645 nació María Anna Codorníu Rosell en un linaje acomodado de viticultores y terratenientes del Penedès.
Desde muy joven tuvo que enfrentar tiempos convulsos: pérdidas de cosechas, saqueos y conflictos bélicos como la sublevación catalana de 1640-59.
A los 14 años, en 1659, se une en matrimonio con Miguel Raventós, un viticultor también arraigado en la tradición vinícola. Esa alianza no fue sólo personal, sino estratégica: marcó el comienzo de lo que hoy conocemos como la casa Codorníu-Raventós, plantando la semilla de una herencia que perduraría más de 18 generaciones.
Pese a su época —siglo XVII—, Anna demostró liderazgo y capacidad de gestión, manteniendo la explotación de las viñas en medio de la adversidad. Según las fuentes, fue la última de la familia en usar el apellido Codorníu y dar continuidad al legado vinícola, lo cual convirtió su figura en símbolo de innovación y tenacidad.
Al brindar con uno de esos cavas, estás saboreando no solo elegancia y burbujas, sino también la historia de una mujer que, cuando el mundo esperaba resignación, decidió remarcar su propio camino.
“Cada copa es un árbol genealógico líquido: roots, generaciones, renacimiento.”
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