¿Qué significa que un vino sea de mínima intervención?

Por Mauro Charvey

En el mundo del vino, cada vez suenan más fuerte expresiones como “mínima intervención”, “vinos vivos” o “lo más natural posible”. Pero ¿qué significa realmente que un vino sea de mínima intervención?

Spoiler: no es lo mismo que un vino natural… aunque comparten una idea clave: intervenir lo menos posible en el proceso de elaboración para que el vino exprese con la mayor fidelidad el lugar del que proviene, el año de cosecha, y la identidad de la uva.

Los vinos de mínima intervención son aquellos en los que el enólogo decide reducir al mínimo el uso de productos enológicos, procesos tecnológicos y correcciones artificiales. Esto incluye desde no clarificar ni filtrar, hasta evitar el uso de levaduras seleccionadas, acidificaciones, corrección de color o taninos agregados. En general, se busca que la fermentación se dé de forma espontánea, con levaduras autóctonas presentes en la piel de la uva o en el ambiente de la bodega.

¿Por qué elegir un vino de mínima intervención?
Porque detrás de cada botella hay una filosofía: dejar que la naturaleza hable, que el terroir se exprese sin maquillaje y que el vino tenga una autenticidad única. Son vinos que pueden sorprender por su frescura, su textura rústica o sus aromas fuera de lo común. Pero, sobre todo, invitan a pensar el vino como un alimento vivo, cambiante y honesto.

Cada vez más bodegas argentinas —grandes y pequeñas— se suman a este movimiento, apostando por prácticas sustentables, agricultura orgánica o biodinámica, y una relación más respetuosa con el viñedo.

Así que si escuchás que un vino es de mínima intervención, no pienses en algo imperfecto o descuidado. Pensalo como un vino con personalidad, que elige mostrarse tal como es.