Una botella, un número y una historia que excede al fútbol. El vino creado como tributo al capitán de la Selección busca guardar en una etiqueta parte de una época que los argentinos difícilmente olvidemos.
Hay números que simplemente identifican. Y hay otros que terminan contando una historia.
El 10 pertenece definitivamente al segundo grupo.
Durante décadas fue el número reservado para el jugador diferente, el que podía cambiar un partido y hacer algo que los demás no podían. Pero para los argentinos el 10 tiene además una carga emocional difícil de explicar. Y en los últimos veinte años volvió a encontrar un dueño indiscutido: el capitán que nos devolvió la Copa del Mundo.
De esa idea nació El Último Diez, un vino pensado como homenaje a una generación, a una camiseta y, fundamentalmente, a un futbolista que atravesó buena parte de nuestras vidas.
No pretende ser solamente una etiqueta vinculada al fútbol. La propuesta fue crear una botella para guardar.

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Del fútbol al vino
El vino y el fútbol parecen pertenecer a mundos diferentes, pero tienen bastante más en común de lo que imaginamos.
Los dos generan rituales. Los dos construyen recuerdos. Recordamos con quién vimos una final de un Mundial de la misma manera que podemos recordar qué botella abrimos aquella noche.
Y ambos tienen una enorme capacidad para reunir personas alrededor de una mesa.
Por eso, cuando surgió la idea de realizar un vino homenaje, la intención no fue simplemente colocar una referencia futbolística sobre una botella.
Había que contar una historia.
La etiqueta de El Último Diez toma como punto de partida los colores y la textura de la camiseta argentina. Sobre ese fondo aparece el gran protagonista visual: el número 10 en dorado.
No necesita demasiado más.
¿Por qué “El Último Diez”?
Porque inevitablemente estamos entrando en la etapa final de una historia extraordinaria.
El capitán ya ganó aquello que parecía faltarle. Fue campeón de América, campeón del mundo y construyó una relación con la Selección Argentina que tuvo momentos de amor, cuestionamientos, frustraciones y finalmente una consagración difícil de imaginar incluso para el más optimista.
Por eso El Último Diez no habla necesariamente de un partido determinado.
Habla de una época que sabemos que alguna vez va a terminar.
Y quizá justamente por eso comenzamos a valorarla de otra manera.
Cada partido, cada convocatoria y cada vez que vuelve a ponerse la camiseta argentina tiene ahora algo distinto. Ya no damos por sentado que habrá otro.
Un Malbec argentino para un símbolo argentino
Para el homenaje elegimos Malbec.
La decisión tiene una lógica evidente: si la historia debía hablar de Argentina, también tenía que hacerlo el vino.
El Malbec se transformó durante las últimas décadas en la variedad que mejor representa al vino argentino en el mundo. Una cepa llegada desde Francia que encontró en nuestro país una identidad propia y terminó convirtiéndose en uno de nuestros grandes símbolos internacionales.
En ese sentido, el paralelismo resulta inevitable.
Argentina. Malbec. La 10.
Tres elementos reconocibles prácticamente en cualquier lugar del mundo.
Una botella pensada para beber… o guardar
Todo vino nace para ser bebido. Pero existen botellas cuyo significado hace que uno dude antes de descorcharlas.
El Último Diez juega deliberadamente con esa sensación.
Puede abrirse en una reunión, acompañar un partido o convertirse en el vino de una celebración. Pero también puede quedar guardado durante años como recuerdo de este momento.
Porque probablemente dentro de diez o veinte años la botella cuente una historia diferente.
Ya no será solamente un Malbec.
Será una excusa para recordar dónde estábamos cuando Argentina volvió a ser campeona del mundo, con quién vimos aquellos partidos, qué sentimos y cómo un rosarino terminó levantando la copa que había perseguido durante toda su carrera.
Y ahí aparece quizás la verdadera razón de este vino.
Los grandes vinos también guardan memoria
Estamos acostumbrados a hablar del vino en términos de variedades, terroir, añadas, crianza y puntuaciones.
Pero hay otra dimensión menos técnica y mucho más emocional.
El vino guarda momentos.
Una botella puede sobrevivir a una cena, a un viaje, a un nacimiento, a un aniversario o a una final. Y cuando años después volvemos a verla, muchas veces recordamos primero la historia y después el vino.
El Último Diez nació precisamente con esa intención.
No intenta explicar a nuestro 10.
A esta altura, tampoco hace falta.
Busca algo bastante más sencillo: guardar en una botella un pequeño pedazo de una época extraordinaria.
Porque jugadores con la camiseta número 10 seguramente habrá muchos más.
Pero para toda una generación de argentinos, este 10 será difícil de repetir.
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