Por Nadia García
Maridaje Jurídico | Wine Market
Una de las familias más reconocidas del vino argentino quedó en el centro de una disputa sucesoria que trascendió lo económico. Un fallo de la Suprema Corte de Mendoza puso bajo la lupa el reparto del patrimonio familiar y los prejuicios de género que pueden esconderse detrás de las decisiones empresariales.
En Mendoza, tierra de grandes vinos y empresas familiares, una disputa entre hermanos abrió un debate que va mucho más allá de una herencia: ¿pueden las tradiciones familiares perpetuar desigualdades entre hombres y mujeres?
El conflicto enfrentó a María Cristina Zuccardi con su hermano José Alberto Zuccardi, en una controversia por la distribución del patrimonio que sus padres habían organizado a comienzos de la década de 1990.
Mientras las participaciones en distintas empresas constructoras fueron distribuidas entre los tres hermanos, el 87,46 % de La Agrícola S.A., vinculada con el negocio vitivinícola, quedó en manos de José Alberto.
María Cristina cuestionó aquella distribución al considerar que había perjudicado sus derechos hereditarios.
Un fallo que cambió el rumbo
Después de dos sentencias desfavorables, el 5 de agosto de 2024 la Suprema Corte de Justicia de Mendoza revocó las decisiones anteriores y condenó a José Alberto Zuccardi a pagar a su hermana más de 12 millones de dólares, más intereses.
Pero lo verdaderamente significativo del pronunciamiento fue la incorporación de la perspectiva de género al análisis de las decisiones patrimoniales.
La jueza María Teresa Day sostuvo que la distribución de los bienes familiares no podía analizarse sin considerar los patrones culturales de la época, cuando frecuentemente se atribuía a los hijos varones la capacidad de conducir las empresas, mientras las mujeres quedaban relegadas a otros espacios.
En su voto, Day señaló que la desproporción patrimonial no necesariamente respondía a una falta de afecto familiar, sino a concepciones socioculturales que limitaban el acceso de las mujeres a los ámbitos de poder.
La sentencia consideró que existían indicios de operaciones destinadas a beneficiar al hijo varón en perjuicio de sus hermanas.
Mucho más que una herencia
El caso plantea una discusión fundamental: ¿hasta dónde llega la libertad de una familia para distribuir sus bienes cuando esa decisión puede afectar derechos hereditarios protegidos por la ley?
También invita a revisar una realidad histórica de numerosas empresas familiares: durante generaciones, la conducción de los negocios estuvo asociada casi exclusivamente a los hombres, independientemente de las capacidades de sus hermanas.
Juzgar con perspectiva de género no significa favorecer automáticamente a una mujer, sino reconocer que determinadas decisiones, aparentemente naturales en su momento, pudieron estar condicionadas por prejuicios culturales.
La defensa de José Alberto cuestionó la resolución y acudió a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Según la información pública relevada para esta nota, no se había verificado una resolución definitiva del máximo tribunal nacional hasta octubre de 2026.
La igualdad, una deuda pendiente
Han pasado más de dos siglos desde que Olympe de Gouges proclamó, en 1791, la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Sin embargo, todavía existen situaciones que demuestran la distancia entre la igualdad reconocida por las leyes y las oportunidades reales.
El caso Zuccardi nos recuerda que las desigualdades no siempre son explícitas. A veces se esconden detrás de costumbres, tradiciones y decisiones familiares que durante décadas parecieron incuestionables.
La importancia de este fallo no reside únicamente en su dimensión económica, sino en haber puesto en discusión los prejuicios que históricamente condicionaron el acceso de las mujeres a la conducción empresarial y al patrimonio.
Porque el mundo del vino no está hecho solamente de viñedos, bodegas y grandes etiquetas. También está construido sobre historias familiares, decisiones empresariales y relaciones de poder.
Y esas historias, como los vinos, merecen ser examinadas con el paso del tiempo.
La igualdad formal fue una conquista. La igualdad real sigue siendo una deuda.
Sobre la autora
Nadia García es abogada, doctora en Derechos Humanos y Previsión Social, creadora de Maridaje Jurídico, estudiante de la Escuela Argentina de Sommeliers (EAS) y publicista.
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