Por Revista Wine Market
Cuando llega el invierno cambian nuestros hábitos. Buscamos comidas más reconfortantes, reuniones más largas alrededor de una mesa y, casi sin pensarlo, también cambiamos los vinos que elegimos.
Sin embargo, uno de los errores más comunes es creer que el invierno significa únicamente beber grandes tintos con mucho cuerpo. La realidad es bastante más interesante.
El frío invita a descubrir nuevos estilos, experimentar con temperaturas de servicio y darle protagonismo a vinos que durante el verano quizás pasan desapercibidos.
El gran mito: «el vino tinto se toma a temperatura ambiente»
Es probablemente la frase más repetida del mundo del vino y también una de las más malinterpretadas.
Cuando nació esa recomendación, la temperatura ambiente de las antiguas casas europeas rondaba los 16 a 18°C. Hoy, una vivienda calefaccionada puede superar fácilmente los 24°C, una temperatura demasiado elevada para la mayoría de los tintos.
Un vino servido demasiado caliente pierde frescura, aumenta la sensación alcohólica y se vuelve más pesado.
La temperatura ideal para la mayoría de los tintos se encuentra entre los 16 y los 18°C.
Un consejo simple: si la botella estuvo dentro de la casa, dejarla 15 minutos en la heladera antes de servirla puede hacer una enorme diferencia.
Los mejores vinos para los días fríos
Malbec
Sigue siendo el gran compañero del invierno argentino.
Sus taninos suaves, la fruta madura y las notas de ciruelas, violetas y chocolate armonizan perfectamente con carnes, pastas rellenas y guisos.
Si además tuvo un paso por barrica, aparecen aromas de vainilla, café y cacao que potencian la sensación de calidez.
Cabernet Franc
Cada invierno gana más seguidores.
Su perfil herbal, especiado y elegante combina muy bien con carnes braseadas, cordero, hongos y quesos de media intensidad.
Es una excelente opción para quienes buscan estructura sin perder frescura.
Cabernet Sauvignon
Ideal para platos intensos.
Sus taninos firmes y su mayor concentración lo convierten en un gran aliado de carnes de cocción lenta, estofados y cortes con buena presencia de grasa.
Blends
El invierno también es la época perfecta para descubrir cortes.
Malbec-Cabernet Sauvignon, Malbec-Cabernet Franc o combinaciones más complejas permiten encontrar vinos con mayor profundidad y equilibrio.
¿Y los blancos?
El frío no significa dejar de beber blancos.
Al contrario.
Los blancos con crianza sobre lías o con paso por barrica desarrollan una textura cremosa que resulta perfecta para esta época.
Un Chardonnay bien elaborado puede acompañar desde una pasta con salsa de hongos hasta un pescado graso o un risotto.
También es un excelente momento para descubrir variedades menos conocidas como Fiano, Semillón, Viognier o incluso algunos vinos naranjos.
Los espumosos también son para el invierno
Existe la idea de que las burbujas pertenecen únicamente al verano o a las fiestas de fin de año.
Nada más lejos de la realidad.
Un buen Brut Nature o un Extra Brut funcionan de maravilla con frituras, quesos, empanadas, cocina asiática e incluso carnes blancas.
Su acidez limpia el paladar y aporta equilibrio a platos más grasos.
Los grandes protagonistas de la cocina invernal
El invierno ofrece algunos de los mejores maridajes del año.
Locro
Malbec.
Guisos
Bonarda o Blend.
Pastas rellenas
Cabernet Franc o Chardonnay con barrica.
Cordero
Cabernet Sauvignon.
Risotto de hongos
Pinot Noir o Chardonnay.
Tabla de quesos
Dependerá de la intensidad, aunque los blends suelen ser una apuesta segura.
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