Por Mauro Charvey – Especial España / Revista Wine Market
En el corazón de Curiel de Duero, rodeada por un paisaje austero y poderoso, se levanta Legaris, una de las bodegas más modernas del grupo Raventós Codorníu. Aquí, la tecnología, la arquitectura y la viticultura de precisión se combinan para expresar con fidelidad el carácter único de la Ribera del Duero.

Una bodega que piensa como un laboratorio
Fundada en 1999, Legaris nació con una idea clara: elaborar vinos que fueran una interpretación contemporánea del terroir. Su estructura minimalista, de hormigón y vidrio, fue diseñada para trabajar por gravedad y respetar al máximo la integridad de la uva.
Cada decisión —desde la selección de clones hasta la gestión de barricas— se toma con exactitud científica. Pero esa precisión no elimina la emoción: la complementa.

La expresión del Duero
En el viñedo, los suelos calcáreos y el clima continental extremo moldean vinos de estructura firme, taninos pulidos y una acidez vibrante.
Durante la visita, los vinos Crianza, Reserva y Páramos de Legaris muestran su elegancia sobria y su perfil moderno: Ribera del Duero en estado puro, pero con un lenguaje actual.
La bodega combina el alma de la región con una mirada técnica que la distingue dentro del mapa vitivinícola español.


Arquitectura y silencio
El edificio de Legaris, con líneas puras y materiales nobles, transmite una serenidad que parece dialogar con el paisaje. En su sala de barricas, el tiempo es protagonista: las luces tenues y el aroma a roble crean una atmósfera casi monástica.
Todo en Legaris remite a la idea de equilibrio: entre ciencia y arte, precisión y emoción.
“En Legaris, el vino no se improvisa: se medita.”








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