Por Mauro Charvey – Especial España / Revista Wine Market
En el corazón del Priorat, entre montañas escarpadas y terrazas imposibles, se alza Celler de Scala Dei, la bodega más antigua de la región y la que dio origen a todo.
Aquí, donde la vid crece entre pizarra y silencio, nació el espíritu del vino prioratino hace casi 800 años, cuando los monjes cartujos del monasterio de Scala Dei plantaron las primeras vides en estas laderas inhóspitas.

Donde el vino tiene alma
Visitar Scala Dei es retroceder en el tiempo. Las piedras del monasterio, los muros centenarios y las vistas del Montsant evocan una sensación de recogimiento.
El vino aquí no es solo bebida: es oración y oficio. Cada botella parece llevar un fragmento de esa espiritualidad.
En las bodegas actuales, aún se conservan lagares antiguos y depósitos de piedra que recuerdan la fuerza de los orígenes.

El renacimiento del Priorat
En los años 70, Scala Dei fue la bodega que reintrodujo el Priorat al mapa internacional del vino, cuando la región todavía era desconocida fuera de España.
Su filosofía combina el respeto por la tradición monástica con técnicas enológicas modernas, manteniendo siempre el protagonismo de la tierra.
La licorella —esa pizarra fracturada típica del Priorat— imprime en los vinos una mineralidad y una tensión que los hace únicos.

El vino y el silencio
Durante la visita, todo invita a la contemplación. Los vinos de Scala Dei —profundos, oscuros, con notas minerales y de monte bajo— parecen hablar en voz baja.
Son vinos que no buscan impresionar, sino conmover.
Aquí, la modernidad se inclina ante la historia, y el visitante entiende que hay lugares donde el vino trasciende lo material.

“Scala Dei no solo hizo vino: le dio alma al Priorat.”











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