Procedemos de familias tradicionales de Colonia Caroya (Córdoba), con una larga historia en la elaboración de vinos y el cultivo de viñedos. Durante la década del 90, llegaron a esta región las primeras cepas de Malbec, importadas aparentemente de clones italianos, no de Cuyo. Antes de esa época, parece ser que el Malbec no se cultivaba en Córdoba, por lo que como cordobeses, apenas comenzamos a experimentar con esta variedad. Fue durante mis estudios en Mendoza, donde me gradué en el 2003, cuando realmente comprendí y me enamoré de esta cepa que tanto nos representa y que tanto nos gusta. Creo sinceramente que su versatilidad es su mayor virtud: se adapta a diferentes climas, ofreciendo características muy distintivas que reflejan fielmente el paisaje. El clima, el suelo, la gente; el Malbec captura todos estos elementos de manera excepcional. En un entorno semiárido, se convierte en un vino que transmite esa particularidad única, mientras que en zonas montañosas, aporta frescura. Es una variedad maravillosa que, afortunadamente, no solo nos identifica a los cordobeses, sino a todos los argentinos.

El Malbec es una cepa que siempre refleja su origen, nos representa a nivel mundial, pero sin perder su esencia. ¡A brindar y celebrar el Malbec!
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