El Cabernet Sauvignon -proveniente del cruzamiento natural entre Cabernet Franc y Sauvignon Blanc- es originario de Burdeos, Francia, y base de los grandes vinos de esa región. Se adaptó muy bien en España, Portugal, Italia, California, Argentina, Chile, Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia. Desde 2010, celebra su día el último jueves de agosto.
La celebración nació en los Estados Unidos, más precisamente entre los bodegueros californianos. La idea era rendirle homenaje e impulsar las ventas de no sólo a la uva más plantada del mundo, sino a la que -junto con el Chardonnay- puso en radar a los vinos estadounidenses dentro de la viticultura mundial.
Según se dice, las fechas que se analizaban para su conmemoración era la del último jueves de agosto y la del 24 de mayo, día en que el Steven Spurrier -de la revista británica Decanter- puso en jaque a los vinos franceses con una cata a ciegas contra vinos californianos.

Aquella degustación del 24 de mayo de 1976, bautizada como el «Juicio de París», diferentes Chardonnay y Cabernet Sauvignon de Napa obtuvieron mayores puntajes que prestigiosas etiquetas de Borgoña y Burdeos. El resultado sorprendió a los críticos y los vinos del Nuevo Mundo comenzaron a tomar una gran relevancia.
Sin embargo, no se eligió aquel día porque tal «victoria» fue en manos de tanto blancos como tintos y hay quienes aún sostienen que la degustación de Spurrier «estaba arreglada», aunque el mismo Steven llegó afirmar que él pretendía que ganen los franceses. Por estos dos motivos, se desestimó esa fecha y se eligió al último jueves de agosto, antes del Día del Trabajo en los EEUU, como el Día Mundial del Cabernet Sauvignon.
Presente en casi todas de las provincias vitivinícolas de nuestro país, hay 14.997 hectáreas cultivadas con el varietal, 6,8% del total de vid de la Argentina, según el último informe del Departamento de Estadística y Estudios de Mercado del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).
Caracterizado por su sabor, aroma y color, da origen a vinos con cuerpo y frutados, intensos, tánicos y muy adecuados para la guarda, exaltándose durante la crianza su intenso aroma, sabor y complejidad.
En la Argentina, la variedad de terruños hace que los Cabernet Sauvignon expresen distintos matices aromáticos y en boca; así, en el país se pueden encontrar vinos de esta cepa frutados, especiados y con notas herbales, además de otros suaves o astringentes.
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