Patente X: Comprender que el vino nace en el viñedo, es todo.


Porque cuando tomamos un vino estamos siendo parte de la historia de esas plantas, de ese suelo, de ese ambiente, de la gente que cuida ese viñedo y los que hacen el vino.
¿Sabías que desde que realizamos una implantación de vid hasta que empieza a producir pueden pasar 4 años? Y cuando cosechas esa uva que tanto esperaste para que sea vino, el proceso de elaboración y guarda pueden durar 3 años?
Muchos años pasan hasta poder degustar por primera vez el vino fruto de ese viñedo.

Patente X trabaja con uvas de la Familia Fantini, con plantas que ya tienen casi 20 años, y en este ciclo de producción hemos visto, plagas, granizo, temporales, enfermedades, tantas cosas. Hubo años sin agua para regar, sin dinero para continuar y sin fuerzas para seguir.
Pero muchas cosas lindas pasan en el viñedo y el vino. Historias únicas, irrepetibles. Y como la vida misma, con sus altos y bajos, se sigue.
Y acá estamos, igual que hace 10 años, produciendo uvas para un vino que es nuestra fuerza y orgullo.

Salud a los que producen. Salud por el vino Cordobés

Daniela Mansilla integrante de PATENTE X Junto a Gabriel Campana y Danilo Fantini,  formaban parte de un grupo llamado “Cambio Rural”, que se reunía periódicamente con el fin de mejorar las condiciones de los productores de la zona.

PATENTE X, es la expresión de las mejores características del terruño cordobés. Blends realizados con uvas agroecológicas.

Daniela, ingeniera agrónoma, y Gabriel, reconocido enólogo y para los socios del club de vino, haceedor de mucho de los vinos que pasaron por el club de Terra Camiare,en ese entonces, eran asesores e insistían en trabajar para conseguir un vino capaz de satisfacer a los más exigentes paladares. A la gran mayoría les pareció más que una idea alocada. Tuvieron que escuchar que ya fuera por las condiciones del suelo, humedad o amplitud térmica entre tantos etcéteras, esa idea resultaría imposible.

Pero Mansilla insistía en que si terroir de otras latitudes similares lo habían conseguido, por qué no intentarlo. Pudieron convencer a sólo tres productores para aportar las uvas. Mientras Daniela invirtió todos sus ahorros en comprar las barricas, el resto se encargó de los demás insumos.

Para Dani, la rebeldía está en el ADN cordobés: “Nosotros en parte representamos eso. Cuando nos dijeron que en Caroya no podían hacerse vinos de alta gama o por qué no nos dedicábamos a otra cosa como plantar soja, nos tocaron esa fibra cordobesa. Más allá de eso, veníamos trabajando hacía tiempo en el tránsito de la vitivinicultura convencional hacia la agroecología y la mayor calidad. Nuestra ambición era llevar el vino cordobés al máximo nivel internacional”.

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